Ahora vamos a poner unos videos en los que Noam Chomsky, reconocido intelectual, comenta acerca de algunos puntos claves de los medios masivos.
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Acá nos explica como los medios masivos, son los que imponen las agendas informativas del país y del mundo. Estos medios parecen ser controlados mas por los intereses privados de las élites económicas(medios y auspiciadores). Nos dicen lo que les conviene, entretenimiento con el cual ellos hacen dinero, en vez de preocuparse por los intereses de la comunidad global.
En este video y en los proximos, se habla de algunas maneras de
censura. La censura es una de las maneras de las élites de controlar la informacion y perseguir sus propios intereses. Lo que dicen los videos es que la censura es aplicada de forma sistemática y explica un poco de como funciona el sistema.
Termina con unas acusaciones falsas que le hacen a Chomsky, estos videos son sacados de la pelicula documental, Manufacturing Consent, que trata acerca de Noam Chomsky y los medios, que esta completa en youtube en 21 partes, el ultimo video es el numero 15.
"La pregunta es si se debería dejar a un élite privilegiada dominar las comunicaciones en masas, y si deberíamos dejarlos usar esos poderes como ellos nos dicen que deben, solamente para imponer ilusiones necesarias, para manipular a la "mayoría estúpida"."
Acá Chomsky nos explica un poco de como funciona el sistema de propaganda y de como los medios sirven para manipular las masas y servir los objetivos de élites privilegiadas. Expone este problema y junto con eso plantea que no debemos dejar que eso pase y que es necesario que se preserven los valores democráticos. Ya que esas élites dominan las comunicaciones, lo mínimo sería que hagan un uso responsable de sus poderes.
Esto es solo un esbozo de lo que dice Noam Chomsky, este intelectual muy conocedor de las comunicaciones internacionales y los medios masivos. Según su teoría, que a la vez va tambein mas allá de la comunicacion internacional, el dice que la sociedad no puede persistir, teniendo élites privilegiadas que actúan segun sus propios intereses, ya que el mundo no es un lugar de recursos infinitos. Más bien, lo que si hay es mucha desigualdad, que va creciendo aceleradamente y es por eso que la democracía hoy en día es un valor que tenemos que conservar y apoyar y frenar el poder descontrolado de los medios de comunicacion junto con otros grandes poderes económicos y políticos.
La televisión nos conduce a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo… Cede ante el impulso inmediato, cálido, emotivamente envolvente. Elige el living on self-demand, ese modo de vida típico del infante que come cuando quiere, llora si siente alguna incomodidad, duerme, se despierta, y satisface todas sus necesidades en el momento.” [1][10]
El regreso a nosotros mismos no necesariamente trae problemas a largo plazo, puesto que al conocernos podremos comprender la real psicología del ser humano, la cual no es tan distante dentro de nuestra misma especie como a veces lo pensamos, y si bien pareciera que la televisión nos convierte en seres engreídos y holgazanes actualmente, en realidad los conceptos siempre mutan a través del tiempo, por ello tal vez ya nos estemos convirtiendo en estos seres egocéntricos y en el futuro esta palabra será denominada para mayores disfunciones, por lo tanto resulta difícil delimitar lo que seremos y en lo que nos convertiremos.
Solo queda aprender a manejar con sabiduría las nuevas ventajas que nos va permitiendo nuestra evolución, y no permitirnos ser tan solo espectadores, sino receptores, recopiladores, creadores y transmisores.
Para terminar quisiera citar también la misma frase con la que el texto del Homo videns termina, y es que a mi parecer posee una ironía genial, sintetizadora y subversiva, la cual creo además hace alusión a épocas y costumbres a convenciones y transformaciones, y no merece comentario posterior: “Los periódicos harían mejor si dedicaran cada día una página a las necedades, a la fatuidad, la trivialidad, los errores y disparates que se han oído en la televisión el día antes. El público se divertiría y leería los periódicos para de alguna manera vengarse de la televisión, y tal vez de este modo la televisión mejoraría.[2][11]
[1]Sociólogo Italiano Franco Ferrarotti 1997 páginas 94- 95
Hablando de la opinión teledirigida y la democracia, Sartori desarrolla el tema de la formación de opinión pública y la función de los sondeos de opinión, el modo en que el video- poder incide sobre el político elegido y cómo es elegido dado el condicionamiento que produce la TV.
En donde señala: “La videocracia está fabricando una opinión sólidamente hetero- dirigida que aparentemente refuerza, pero que en sustancia vacía, la democracia como sistema de opinión. Porque la televisión se exhibe como portavoz de una opinión pública que en realidad es el eco de regreso de la propia voz y el pueblo soberano ‘opina’ sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar, por tanto, se concluye que éste es un medio que obstaculiza la buena política y las bases sobre las que se asienta la democracia.”[1][8]
Lo cual se ve de manera explícita en el Marketing político, el cual viene evolucionando de manera increíblemente veloz, en esta era en donde una imagen vale más que mil palabras, y en donde los medios de comunicación y las promesas cortoplacistas muchas veces rigen los destinos de un país. Ofreciendo bolsas de arroz y promesas solemnes en lugar de planes menos “atractivos” pero eficaces a mediano o largo plazo, seduciendo a las grandes masas, en vez de ofrecerles sólidas propuestas o proyectos estructurados de acuerdo al contexto y la coyuntura, en donde los candidatos son endiosados y los partidos políticos vanagloriados.
Realidades en las que el pueblo solo pide un qué y no un cómo, sobretodo en países como el Perú, en donde además de tener una educación muy deficiente, se cuenta con una cultura plebiscitaria y condiciones de vida infrahumanas, lo cual no les permite pensar un una participación ciudadana activa.
De igual manera estas aberraciones se producen también en países de primer mundo, basta con ver el caso del magnate Silvio Berlusconi, que se hace con el poder sin tener siquiera un partido político fuerte que lo apoye, pero poseyendo uno de los grupos de comunicación más fuertes de Italia.
En cuanto a la opinión pública, concuerdo con Sartori y sobretodo concuerdo con Bourdieu cuando este dice de manera célebre que: “La opinión pública no existe”, [2][9] tomando en cuenta que la estadística no es garantía de imparcialidad, pues al ser un análisis social no hay neutralidad en los valores y en la formulación de los cuestionarios. Los medios de comunicación difunden las opiniones que desean, para obtener las respuestas que desean.
Sobre la democracia Sartori habla sobre cómo la TV. condiciona fuertemente el proceso electoral, ya sea en la elección de los candidatos o en la forma de ayudar al triunfo del vencedor, asimismo, incide fundamentalmente sobre el gobierno y sus decisiones.
Lo cual no escapa de la verdad, basta con mencionar la última campaña política del 2006, en donde fue protagonista de la segunda vuelta nada menos que Alan García, (retornando luego de su nefasto gobierno con una muy buena estrategia de marketing político) mucho más sereno, maduro y confiable, luego de veinte años de lejanía. El cual tuvo que medirse con el Comandante Ollanta Humala, quién contaba con una propuesta mucho más izquierdista y nacionalista. Lo crucial aquí los medios tuvieron un impacto decidero e incongruente en esta ocasión, ya que se enfocaban más en la historia personal de los candidatos que en lo planteado por sus partidos políticos, además aquí, para bien o para mal, se vio la notable preferencia de los medios sobre uno de los candidatos (lo cual ocurre en todos los países, en donde los medios son muchos pero pertenecen a muy pocos).
Por situaciones como esta el texto del homo videns señala que la televisión produce un efecto regresivo en la democracia, debilitando su soporte, y por tanto, la opinión pública. De este modo argumenta que no es verdad que la pérdida de la cultura escrita esté compensada por la adquisición de una cultura audiovisual.
Sucesos como los anteriores seguirán sucediendo hasta que se tomen las medidas necesarias, en todo caso yo considero que la televisión sí puede ser una extensión a la libertad de expresión, siempre y cuando se tenga la información suficiente, y no existan manejos ocultos de por medio (difícil e inocente petición dada la coyuntura).
En todo caso sería preciso aprender a balancear ambas fuentes informativas, hablando de la audiovisual y la escrita, tanto para informarnos como para divertirnos, encontrando así que no son tan disparejas, sino que es posible combinarlas y alcanzar así el máximo provecho de los avances producidos, tanto tecnológicos como literarios, tanto estéticos como artísticos.
Además siempre ocurre lo mismo cuando se encuentra alguna nueva tecnología, puesto que tal como señalé antes siempre habrán posturas opuestas, que al margen de contradecirse se enriquecen unas a otras.
Y el caso más ilustrativo para esta idea sería citar al mismo Sócrates, que hace miles de años dijo: “La escritura destruye la memoria. Los que la utilicen se harán olvidadizos al depender de un recurso exterior por lo que les falta en recursos internos. La escritura debilita el pensamiento.” [1][4]
Lo cual no escapa de la realidad si se ve tan solo desde ese enfoque, puesto que una perspectiva que no cuenta con los suficientes indicios o reacciones no podrá ser validada ni aceptada integralmente.
Otro punto al cual se refiere el texto es a la conclusión en la cual el Internet no logrará anular a la TV, dicho de esta manera: “La televisión resultará vencedora entre los ‘perezosos’ o las personas cansadas que prefieran el acto de mirar, mientras que Internet triunfará entre los activos, los que quieran dialogar y buscar, si bien Internet puede ayudar a salir del aislamiento del mundus sensibilis, ¿cuántos lograrán esto?”.[2][5]
Afirmación que considero no cuenta con los conocimientos necesarios, ya que dado el gran éxito de programas de video en línea tales como You Tube de Google, todo parece indicar que el futuro de la televisión, muy al margen de competir con el Internet, será su fusión, creando una televisión computarizada, personalizada y global, en la cual el usuario estará más al control que nunca, solo basta escuchar a Bill Gates, gurú mundial de la computación:”Estoy sorprendido por como la gente no ve que, en cinco años, se reirá de la televisión que tenemos ahora".[3][6]
De cualquier manera, es verdad que la televisión nos aleja de la lectura, y esto definitivamente no es positivo, tal como lo indica Ferrarotti: “La lectura cansa… Intuye. Prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sintética. Ésta le fascina y lo seduce. Renuncia al vínculo lógico y a la secuencia razonada.” [4][7] Y esto es verdadero hasta cierto punto, ya que en la televisión de hoy en día no todos los programas son iguales puesto que algunos realmente nos informan y otros nos hacen pensar, en contraparte definitivamente la mayor parte de la televisión (sobre todo en el continente Americano) sí es basura, programación comercial, que apela a el espectáculo, al morbo, a la simpleza, antes que a conceptos bien estructurados, historias interesantes y sui generis, verdaderas obras de arte.
Pero esto no es absoluto, y esta cambiando con nuevas tendencias como con el Cable o DVD, puesto que nadie podrá decirme que embrutece ver una película como Padrino o Ciudadano Kane, o tal vez alguna serie de la talla de Los Sopranos. En su defecto también se puede encontrar programación de calidad en cuanto a búsqueda de información útil y bien explicada, historia, ciencia, misterio con opciones como Discovery Chanel o Infinito. Por último no se puede dejar de lado programación de ayuda social o religiosa.
Además, en muchos lugares del mundo (tal como el Perú) mucha gente no sabe ni leer, o por lo menos no como para entender algún texto complicado, por lo tanto una novela televisiva podría ser la solución para llenar su apetito intelectual, brindando historias estructuradas de una manera determinada, con la cual el más ignorante o despistado de los ciudadanos podría seguirla a pesar de su dilatada cantidad de enigmas y personajes.
En concreto, todo un mundo de posibilidades, que con la lectura puedes imaginarte pero no ver, lo cual considero podría llevar nuestra imaginación a un nivel superior (siempre y cuando no se privilegie por sobre la lectura y la vida social) con nuevas opciones para asociar y distintos enfoques del mundo y de las distintas culturas que habitan en él.
Por lo tanto sería un crimen privar a alguien de los nuevos medios de comunicación, sería como pretender ser una paloma sabia y blanca en una jungla llena de buitres.
En el caso concreto del libro del Homo videns de Sartori, definitivamente se está más en contra que a favor de la exposición del hombre hacia el fenómeno de la televisión y los medios, pues para Giovanni Sartori los medios nos están afectando de sobremanera, esencialmente la televisión, puesto que esta produce una ruptura, prevaleciendo el hecho de ver al de hablar, o en todo caso el del lenguaje concreto o perceptivo al del abstracto o conceptual, atrasando nuestra evolución, desde un tradicional Homo sapiens hasta el Homo videns, producto de la pérdida de nuestros símbolos.
Como bien lo señala el mismo autor: “La televisión modifica la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra (impresa o radiotransmitida) al contexto de la imagen y mientras la palabra es un símbolo que se resuelve en lo que significa, en lo que nos hace entender, la imagen es pura y simple representación visual, para verla basta con poseer sentido de la vista. Por ello, al producir imágenes, la televisión anula los conceptos y atrofia la capacidad de abstracción y con ella la capacidad de entender, modifica sustancialmente la relación entre entender y ver… y radicalmente empobrece el aparato cognoscitivo del Homo sapiens”.[1][2]
Con lo cual no estoy del todo a favor, puesto que considero que la sociedad esta desarrollando otro nivel de abstracción, capaz de captar mayor cantidad de códigos, aunque estos no se produzcan en sí, lo cual no considero que empobrezca nuestra capacidad sino que tan solo la transforma, dificultando en algunos casos la comunicación, pero dando mayores niveles de abstracción visual que luego podrían transformarse en símbolos, en fin, considero que es parte de la evolución y que no es ella la que nos está cambiando, sino que existe por el cambio que se esta produciendo en nuestra civilización, por ello veo más a los medios de comunicación como una extensión de las habilidades del humano, siendo estas un medio y no un fin.
Por otro lado es verdad que la televisión podría afectarnos en gran medida sino es usada con inteligencia, y crear daño en personas que no poseen la educación o un criterio suficiente, producto tal vez de la desinformación, como bien lo señala Sartori cuando califica a la televisión como la primera escuela del niño, lo cual no escapa de nuestra realidad Limeña: “Al crecer, el vídeo-niño se convierte en un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita. Es, pues, un adulto empobrecido marcado durante toda su vida por una atrofia cultural”.[2][3]
Por lo tanto considero que lo que se necesita es regulación para los niños, puesto que no considero correcto suprimir la libertad de expresión, lo que queda sería educar a nuestros niños en casa, a medida que vayan encontrando nexos con las nuevas tecnologías, darles los conocimientos suficientes como para aprovecharlas al máximo y sin abusos, creando un balance adecuado entre educación y diversión, productividad y ocio, puesto que considero aún más aberrante alejarlos de estas nuevas herramientas que cada vez estarán más involucradas en sus vidas.
Es por eso que se producen las aberraciones, porque en contextos como el nuestro en donde ni siquiera hay educación inicial, menos habrá una para la utilización de las tecnologías, pero esto es un problema coyuntural, por ello como dije, no es posible separarlas de sus vidas, puesto que ellos necesitaran códigos y herramientas muy distintos a los de antaño para su vida.
Estamos pasando de una sociedad en línea recta a una en espiral, pues poseemos mucho más información a la mano y conocemos de muchos más temas, muchas más posturas y puntos de vista, muchos más enfoques, métodos, sin necesidad de memorizarlos y a un clic de distancia.
Para iniciar este ensayo me gustaría citar la misma frase con la que lo hace el prefacio del homo videns: "El hombre no vive en un universo puramente físico sino en un universo simbólico. Lengua, mito, arte y religión… con los diversos hilos que componen el tejido simbólico… Cualquier progreso humano en el campo del pensamiento y de la experiencia refuerza este tejido… La definición del hombre como animal racional no ha perdido nada de su valor… pero es fácil observar que esta definición es una parte del total. Porque al lado del lenguaje conceptual hay un lenguaje sentimental, al lado del lenguaje lógico o científico esta el lenguaje de la imaginación poética. Al principio, el lenguaje no expresa ideas, sino sentimientos o afectos.” [1][1]
Lo cual es muy real y muy profundo, demostrando que el hombre es mucho más que información, mucho más que conceptos, este es un ente cultural y artístico por excelencia, un río acaudalado de emociones y pasiones.
Lo cual no necesariamente se identifica a plenitud con los avances de Sartori, en donde sataniza a la televisión y a las nuevas posturas que pueda tener una persona expuesta a ella.
Aunque no se puede negar que hay muchas desventajas, pues esencialmente desvincula al sujeto del mundo real si existe un efectivo abuso, creando atmósferas y significaciones alternas al mundo real, en resumen, se esta discutiendo un fenómeno poderosísimo, tal vez tanto como lo fue la imprenta, y en donde siempre habrán opiniones a favor y en contra.
Sartori, Giovanni: Homo videns: La sociedad teledirigida, ed. Santillana-Taurus, Madrid 1998, 160 pp.
El autor, en la primera parte de la obra, se ocupa de la actual preponderancia de lo visible sobre lo inteligible. Contempla como la revolución multimedia, está transformando al «homo sapiens», producto de la cultura escrita, en un «homo videns», para el cual la palabra ha sido anulada por la imagen. En todo ello, el papel determinante lo tiene la televisión, que precisamente, prima a la imagen, lo cual lleva a ver sin entender que ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas claras y distintas. La televisión está produciendo una metamorfosis. No es sólo un instrumento de comunicación, es, a la vez, un instrumento que genera un nuevo tipo de ser humano. El video-niño se convierte en un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura.
La imagen por sí misma no da casi ninguna inteligibilidad. La imagen ha de ser explicada, y la televisión da explicaciones insuficientes y distorsionadas. Si la televisión explicara mejor, se podría producir una integración positiva entre «homo sapiens» y «homo videns». De momento, no hay integración, sino sustracción y, por tanto, el acto de ver está atrofiando la capacidad de entender. La televisión, en la actualidad, está en cierto modo obsoleta, ya que las nuevas fronteras son Internet y el ciberespacio; más la televisión al fragmentarse -por cable o vía satélite- de hecho entra en competencia con la red de redes.
En la segunda parte, el autor, investiga «la opinión teledirigida», y al referirse a la «vídeo-política», estima que el pueblo opina sobre todo, en función de cómo la televisión le induce. La vídeocracia está fabricando una opinión hetero-dirigida que aparentemente refuerza, pero que en sustancia vacía la democracia como gobierno de opinión. La televisión no refleja los cambios de la sociedad y su cultura, sino que refleja los cambios que ella misma promueve e inspira a largo plazo.
Las distorsiones informativas más importantes son: las falsas estadísticas y las entrevistas «casuales». De igual forma, la desinformación se alimenta de dos típicas distorsiones informativas: premiar la excentricidad y alentar el ataque y la agresividad.
La visión en la pantalla del televisor es siempre un poco falsa, porque «descontextualiza», ya que se basa en primeros planos fuera de contexto. Y esta segunda parte finaliza alegándose que el vídeo-dependiente tiene poco sentido crítico.
La última parte del volumen, se abre con una interrogación: ¿Y la democracia?, en la cual se examinan la incidencia electoral y la incidencia en el modo de gobernar de la vídeo-política, y de la torticera formación de la opinión pública. Una primera consecuencia es que la vídeo-política reduce el peso de los partidos, mientras que otra, es la emotivización de la política.
La democracia se está conviertiendo en un sistema de gobierno en el que son los más incompetentes los que deciden, en un sistema suicida. El «demos» debilitado no entiende y no tiene opinión autónoma. Para Postman, la «tecnópoli digital será utilizada por una raza directora de pequeñísimas élites, de tecnocerebros altamente dotados, que desembocará en una tecnocracia convertida en totalitaria, que plasma todo y a todos a su imagen y semejanza.
La tesis de fondo es que si un hombre pierde la capacidad de abstracción es «eo ipso» incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad para sostener y alimentar el mundo construído por el «homo sapiens».