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La Coctelera

homovidens

5 Julio 2007

La opinión teledirigida y la democracia

Hablando de la opinión teledirigida y la democracia, Sartori desarrolla el tema de la formación de opinión pública y la función de los sondeos de opinión, el modo en que el video- poder incide sobre el político elegido y cómo es elegido dado el condicionamiento que produce la TV.

En donde señala: “La videocracia está fabricando una opinión sólidamente hetero- dirigida que aparentemente refuerza, pero que en sustancia vacía, la democracia como sistema de opinión. Porque la televisión se exhibe como portavoz de una opinión pública que en realidad es el eco de regreso de la propia voz y el pueblo soberano ‘opina’ sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar, por tanto, se concluye que éste es un medio que obstaculiza la buena política y las bases sobre las que se asienta la democracia.”[1][8]

Lo cual se ve de manera explícita en el Marketing político, el cual viene evolucionando de manera increíblemente veloz, en esta era en donde una imagen vale más que mil palabras, y en donde los medios de comunicación y las promesas cortoplacistas muchas veces rigen los destinos de un país. Ofreciendo bolsas de arroz y promesas solemnes en lugar de planes menos “atractivos” pero eficaces a mediano o largo plazo, seduciendo a las grandes masas, en vez de ofrecerles sólidas propuestas o proyectos estructurados de acuerdo al contexto y la coyuntura, en donde los candidatos son endiosados y los partidos políticos vanagloriados.

Realidades en las que el pueblo solo pide un qué y no un cómo, sobretodo en países como el Perú, en donde además de tener una educación muy deficiente, se cuenta con una cultura plebiscitaria y condiciones de vida infrahumanas, lo cual no les permite pensar un una participación ciudadana activa.

De igual manera estas aberraciones se producen también en países de primer mundo, basta con ver el caso del magnate Silvio Berlusconi, que se hace con el poder sin tener siquiera un partido político fuerte que lo apoye, pero poseyendo uno de los grupos de comunicación más fuertes de Italia.

En cuanto a la opinión pública, concuerdo con Sartori y sobretodo concuerdo con Bourdieu cuando este dice de manera célebre que: “La opinión pública no existe”, [2][9] tomando en cuenta que la estadística no es garantía de imparcialidad, pues al ser un análisis social no hay neutralidad en los valores y en la formulación de los cuestionarios. Los medios de comunicación difunden las opiniones que desean, para obtener las respuestas que desean.

Sobre la democracia Sartori habla sobre cómo la TV. condiciona fuertemente el proceso electoral, ya sea en la elección de los candidatos o en la forma de ayudar al triunfo del vencedor, asimismo, incide fundamentalmente sobre el gobierno y sus decisiones.

Lo cual no escapa de la verdad, basta con mencionar la última campaña política del 2006, en donde fue protagonista de la segunda vuelta nada menos que Alan García, (retornando luego de su nefasto gobierno con una muy buena estrategia de marketing político) mucho más sereno, maduro y confiable, luego de veinte años de lejanía. El cual tuvo que medirse con el Comandante Ollanta Humala, quién contaba con una propuesta mucho más izquierdista y nacionalista. Lo crucial aquí los medios tuvieron un impacto decidero e incongruente en esta ocasión, ya que se enfocaban más en la historia personal de los candidatos que en lo planteado por sus partidos políticos, además aquí, para bien o para mal, se vio la notable preferencia de los medios sobre uno de los candidatos (lo cual ocurre en todos los países, en donde los medios son muchos pero pertenecen a muy pocos).

Por situaciones como esta el texto del homo videns señala que la televisión produce un efecto regresivo en la democracia, debilitando su soporte, y por tanto, la opinión pública. De este modo argumenta que no es verdad que la pérdida de la cultura escrita esté compensada por la adquisición de una cultura audiovisual.

Sucesos como los anteriores seguirán sucediendo hasta que se tomen las medidas necesarias, en todo caso yo considero que la televisión sí puede ser una extensión a la libertad de expresión, siempre y cuando se tenga la información suficiente, y no existan manejos ocultos de por medio (difícil e inocente petición dada la coyuntura).

En todo caso sería preciso aprender a balancear ambas fuentes informativas, hablando de la audiovisual y la escrita, tanto para informarnos como para divertirnos, encontrando así que no son tan disparejas, sino que es posible combinarlas y alcanzar así el máximo provecho de los avances producidos, tanto tecnológicos como literarios, tanto estéticos como artísticos.




[1] Giovanni Sartori

[2] Sociólogo Francés Pierre Bourdieu


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